activamentes

16 enero
2014
escrito por Verónica Arias

Consideraciones sobre el compromiso de la comunidad y las familias con el desarrollo saludable y sustentable de lactantes, niños, adolescentes y jóvenes.

 

 

 

Los cambios culturales y tecnológicos en la segunda mitad del siglo pasado nos han lanzado a una cotidianeidad vertiginosa. Vivimos en una carrera sobre el tiempo, queriendo ganarle, atraparlo y exprimirlo con acciones simultáneas e inmediatas exigidas por los nuevos ideales.

 

Para la franja de padres que hoy transitan los 40 años, esos ideales no son nuevos ideales, son los únicos que han conocido ya que las grandes pantallas los llenaron de un más allá, tan real como la conquista del espacio exterior y supuestas guerras intergalácticas.

 

Pero en la vida privada de las personas y las parejas que cada día inician una familia las cuestiones que hay que atender son las mismas que décadas, siglos y milenios anteriores. Sin embargo, cada vez más la responsabilidad de padres y madres en la formación e individualización, en el desarrollo de la personalidad de su hijos es una tarea que se cumple en soledad.

 

A comienzo del siglo pasado en las familias numerosas convivían tíos y abuelos y la distribución del trabajo, la transmisión de pautas y valores estaba consensuado. Los lazos afectivos eran bastante prolíficos y la variedad del espectro para desplegar preferencias, también. Los niños iban creciendo nutridos por esos adultos con quienes desarrollaban vínculos intensos favorecido por afinidades y elecciones mutuas espontáneas. Los niños pasaban mucho tiempo en su hogar sede de todos los juegos y aprendizajes.

 

El cuadro de situación es hoy demasiado diferente. Con suerte, papá, mamá y los chicos viven juntos en un hogar armónico y organizado pero donde no es posible compartir, por falta de tiempo, todo lo que se ha vivido en los jardines maternales, colegios y doble escolaridades, clubes, talleres y clases particulares.

 

¿Cómo seguir el hilo de las experiencias que nuestros niños y adolescente viven en ese gigantesco mundo exterior? ¿Cómo hacer para llegar a casa y despejar la mente de todos los desafíos laborales, exigencias económicas y toda clase de estímulos estresantes por los que pasaron los padres?

 

No están la abuela ni el tío para que cuente cuentos y juegue a las cartas. Toda clase de artefactos con teclas se resisten a ser silenciados. En fin…

 

Hay que hacer algo para reinstalar las miradas, las miradas largas, para sentirlas, para adivinarlas y darles la oportunidad de sintonizar la alquimia de las palabras.

 

Estoy hablando de prevención. De lo que hay que hacer para que el ser interior de cada creatura no se deslice por la tangente que lo saca de órbita, de la órbita de las pertenencias y las identificaciones que construyen a los niños como sujetos psicológicos. Estoy hablando de sostenes necesarios e imprescindibles.

 

Estoy diciendo: Cuidado con los síntomas precoces de autismo infantil y mucho cuidado con las ansiedades negadas de los adolescentes demasiados bien adaptados que nos sorprenden con su primer ataque de pánico.

 

A mis amigos psiquiatras no les disputo nada y debo decir que hay que levantar la banderas de quienes se ocupan, con profesionalismo, de la previa (lo que está antes de lo que se llama enfermedad).

 

Porque hay que trabajar en salud, en equipo, informando y favoreciendo el inmenso potencial de las personas para que recuerden quienes son, que quieren, adonde y con quienes van.

 

Que no están solos si buscan el asesoramiento pertinente, sin patologizarse.

 

 


 


17 junio
2011
escrito por Verónica Arias

Las conversaciones pueden transcurrir siendo simples monólogos, encarnizados debates, charlas de sordos, simple traspaso de información sin aprendizaje y todas las opciones que el lector de este planteo pueda agregar. Traigo hoy una refrescada sobre lo que significa una conversación cuando los que participan de ella verdaderamente están dialogando.

El dialogo es un tipo de conversación especial que exige la aplicación de algunas reglas simples que facilitan a las personas hablar libremente mientras otras escuchan e intentan que se clarifique su comprensión. Hay dialogo cuando predomina en los interlocutores una escucha-activa, esa escucha que permite a la vez pensar y preguntar posibilitando la expresión de respuestas abiertas y sinceras.

Conversar manteniendo la comunicación a nivel del diálogo posibilita y da lugar al nacimiento y emergencia de nuevos significados y comprensiones antes ocultas. Un buen dialogo precede y está en la base de toda implementación exitosa de iniciativas de mejoras, de cambios e innovaciones.

La variedad de ideas surgidas de un dialogo permite que los pensamientos conflictivos y los colaborativos puedan autoorganizarse en la mente de las personas, reuniéndose así las partes desconocidas de  la situación.

Los pilares del dialogo como herramienta para avanzar sobre situaciones conflictivas son:

-Respeto por la persona que mantiene el contexto conflictivo.

-Suprimir la tendencia a juzgar.

-Considerar todos los puntos de vista igualmente válidos.

Es la única manera de que surjan nuevas posibilidades de cuestionar lo que se daba por sentado, que las partes se sientan tratadas justamente arribando a un nuevo nivel de información y organización.

Así que, el dialogo,  tal vez un poco olvidado, de Platón a nuestras empresas… y a tu hogar!


8 diciembre
2010
escrito por Verónica Arias

La vida es trabajo, la familia es un trabajo de por vida y, este artículo, estoy tentada de ubicarlo en el rubro de Psicología Organizacional por lo que tiene la familia en común con la conducción de una pequeña empresa.

La materno-paternidad, localizada en familias que sostienen la convivencia de los progenitores, o no, se ve conmocionada cuando las construcciones de al menos una década (la de la infancia) formando y educando a los hijos nos ofrece a la mirada esas personitas que pronto nos superarán en tamaño.

Y no sólo eso. Nadie que no haya pasado por la experiencia puede imaginarse esa tarea titánica que implica fundamentalmente, para los padres, un permanente aprendizaje, en simultáneo con la transmisión de pautas y valores con los que se comprometen.

De hecho, fundamos axiomas en el psiquismo de nuestros hijos. Y esos axiomas comienzan a funcionar en un ser que es diferente a nosotros.

Si hay algo que es bueno en la calidad del rol materno-paternal, diría que es la capacidad de asombro.

Percibir como esos axiomas van tomado vida independiente, desarrollándose en una personalidad única y multifacética que es la personalidad que han adquirido nuestros hijos para dar respuestas nuevas a las nuevas necesidades y desafíos que la vida les presenta, nos llama al asombro.

Los padres de adolescentes son exigidos por ese nuevo ímpetu que los sorprende en sus hijos que transitaron la pubertad, de los 10 a los 13 años, con cierta calma (cuando no asomaron en esa etapa síntomas que suelen manifestarse con una modalidad depresiva).

Ese nuevo ímpetu de la adolescencia desborda en manifestaciones que convoca a las furias, con expresiones descontroladas, violencia y tensiones, cambios de humores que exigen comprensión, paciencia y tiempo.

Es el momento donde los padres pueden sentir que se les queman los libros, las hojas de ruta, es necesario encontrar la brújula.

La adolescencia de nuestros hijos debe encontrarnos jóvenes. Jóvenes de espíritu, jóvenes en el amor y jóvenes en nuestra capacidad de aprender. Porque si en la infancia los hijos han amado lo que aprendieron de nosotros, en la adolescencia querrán y estarán encantados de poder enseñarnos.

Es así que sugiero para los momentos de normal turbulencia de esa etapa (y en todo momento, diría) que es de gran ayuda para darles respuestas adecuadas, preguntarse y pensar que están enseñando los hijos en crecimiento.

Siempre, la respuesta adecuada contribuye al sostén de un “clima familiar” que brinda a los adolescentes tan hiperestimulados por un mundo exterior desopilante, la confirmación de pertenencia a un equipo que crece junto a ellos a medida que van tomando su lugar en la sociedad.

Los padres habrán de considerar la presencia de contradicciones para esclarecer el cambio en las funciones.

Hay algo nuevo en los padres de hoy, talvez desde hace un par de décadas resultan más flexibles para revisar paradigmas y adoptar nuevos. El comportamiento de los adolescentes ya no desafía a los padres como antaño, los interroga.

Interesante y exigente trabajo intelectual es para los progenitores detenerse a pensar en las palabras que traducen esa pregunta, qué es lo que les enseña el contenido del mensaje implícito en el comportamiento de los hijos y cuál es la jugada asertiva que reclaman para vivenciar un clima familiar organizador y eficiente en el desarrollo de las personas.

Los invito, queridos lectores, a compartir sus experiencias y anécdotas en el desafío permanente de construir y sostener en el día a día la gestión del hogar.

¿Qué les han enseñado sus hijos?


29 septiembre
2010
escrito por Verónica Arias

Definir los valores fundamentales de la organización (en tanto grupo y proyecto) y asumir el compromiso de guiar a las personas involucradas hacia un mayor rendimiento, alineando de la mejor manera posible los talentos personales haciendo de la motivación el baluarte de una  identificación a los rasgos característicos de la empresa es sinónimo de éxito y crecimiento sustentable.
La dinámica empresarial hoy más que nunca exige, además de ideas claras, flexibilidad y creatividad, una profunda concepción sistémica dónde la máxima establece que la suma de las partes supera al todo. Los individuos que componen la estructura de la organización forman un sistema interdependiente altamente dinámico.
Son tantas las cosas que quedan en el tintero y abandonadas en la papelera a nivel de los recursos humanos, léase tus empleados, que si tomaras el toro por las astas, bajaras un cambio y decidieras darle lugar a la información que va a parar a los oídos de sus cónyuges, amigos o padres, recuperarías un valioso material para reinvertir en tu negocio.
Se trata de saber si ellos consideran que las cosas se están haciendo de la mejor manera. Sean cuestiones administrativas o relativas a la atención de clientes, de marketing o de la necesaria burocracia de los procesos, tus empleados imprimen su sello personal en las tareas que realizan, ponen vida y su marca personal en la actividad que realizan porque es “su” trabajo. No se olvidan de que es “tu” empresa.
Se ha llamado “Análisis de Clima Organizacional” al intento de delimitar, reconocer y evaluar los liderazgos, los puntos y los espacios donde los valores y la dinámica de tu pequeña o mediana empresa se nutre o podría nutrirse con el aporte del potencial silencioso de cada uno de los que en ella trabajan.
Estudiar las diferencias y la alteralidad en las relaciones permite acceder a una fuente de conocimientos, información y reflexión independientes acerca de los problemas y de las capacidades disponibles para su solución.
Sabido es que promoviendo la participación se genera satisfacción interna, entusiasmo, conciencia y fidelización a los objetivos.
Si estás con el propósito de elevar la productividad y la calidad de tu gestión tienes que abordar los ejes de la cultura en tu organización que está inmersa en un universo social cambiante. Definitivamente ha cambiado de paradigmas en lo que va de la revolución industrial a nuestros días. Es el cambio de una sociedad mecánica y previsible a la nuestra, menos monolítica, más compleja y con nuevas riquezas e incertidumbres.
Se trata de convertir los “problemas”, es decir, traducirlos, llamándolos por su nombre, para que se constituyan en “temas”.
¿Has pensado como evaluar las variables intervinientes entre los factores formales de tu sistema organizacional y el aporte del comportamiento individual considerado como potencial?

Contacto:  veronica.arias@activamentes.com.ar


 


29 septiembre
2010
escrito por Verónica Arias

Se trata de los efectos benéficos de una buena comunicación.
Se dice  por ahí que ” si tú estás bien, yo estoy bien”.
¿Sentirse bien es condición de relaciones equilibradas?
Algunas veces no. ¿Qué pasa entonces?
Un lindo encuentro con quien compartimos una amistad, intereses, trabajo, afectos, nos deja desequilibrados.
Sientes una inquietud, sientes que algo no quedó bien puesto, y si le dedicas un poco de atención y tratas de repasar el encuentro tienes la certeza de que algo falló en la comunicación. Algunas personas lo perciben como malhumor, otras, ansiedad o preocupación y se preguntan: ¿Qué pasó?
Cuando una persona, desde su estilo, naturalmente cauteloso,  es reservado, lo hace desde lo mejor de su ser. Con una comunicación prudente sostiene sus vínculos, protegiéndose, con la intención de no dañar y de cuidar al otro.
Otra persona, desde su naturaleza, se muestra con franqueza, considerando que el ocultamiento hace equívoca la comunicación, genera extrañeza y desconfianza; lo hace desde lo mejor de su ser para sostener un vínculo con transparencia.
Pero ¿qué pasa entonces?
Para quien es prudente, la espontaneidad del que no quiere confundir puede haber resultado  un agravio. Para el espontáneo, la cautela del que es prudente es vivido como un ocultamiento engañoso.
Las dos personas se sienten bien, y luego las dos se sienten mal. Las dos quisieron comunicar, a su manera, su buena onda pero los estilos de  comunicación de cada una, presente en ese “Otro” que es el lenguaje, se ha interpuesto haciendo de las suyas. Muy probablemente uno debió decir más; y el otro, menos.
¿Cuántas veces pasamos por estas cosas sin que podamos captarlas en su esencia para evitar que el desequilibrio en la comunicación se instale?
Pues claro, estimado lector que has llegado hasta aquí, sabes que tu opinión y comentarios para avanzar en este tema nos resultan muy valiosos.
Freud lo denominó “Malestar en la cultura”. El doctor J. Lacan puso a punto la dimensión del lenguaje con el aporte de la Lingüística y otras disciplinas. Configuró el valor de cada palabras en relación a otras palabras y el valor del lenguaje en la constitución de cada subjetividad.  Aprendimos que siempre habrá equívocos pero de ellos surge alguna verdad.
El Psicoanálisis ha querido ser la contracultura del “tabú” y de los dogmas maniqueos. Cala hondo en la singularidad del ser y aspiró a pacificar y enaltecer a la humanidad promoviendo la aceptación y reconocimiento de las diferencias.
¿Seremos capaces de llevarlo a la práctica?

Contacto: veronica.arias@activamentes.com.ar


 

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